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Biografía para encontrarme, de Mario Benedetti

Actualización: 23/03/2012

Mario Benedetti

Biografía para encontrarme

Por Fernando Valverde

 "Si bien este manuscrito estaba listo para ser entregado a los editores, Mario no llegó a concretar la rigurosa mirada final que siempre daba a sus textos antes de publicarlos".

El 17 de mayo de 2009, en su Montevideo, se apagaba el latido de Mario Benedetti. Ese latido físico que supone el pulso y que es dueño de certezas y de palabras como vida, tiempo o espacio. Durante sus dos últimos años, meditando sobre la trascendencia, presintiendo la muerte como un lobo que acecha al otro lado de la esquina, Benedetti fue escribiendo un centenar de poemas. De ellos seleccionó sesenta y dos, si es que uno elige el día en que muere o llega a presentirlo totalmente.

La editorial Alfaguara ha publicado Biografía para encontrarme, el poemario inédito de Mario Benedetti. La publicación comienza con una nota inquietante de su fundación, que le persigue a uno por gran parte del libro. "Si bien este manuscrito estaba listo para ser entregado a los editores, Mario no llegó a concretar la rigurosa mirada final que siempre daba a sus textos antes de publicarlos". Esa es precisamente la sensación que queda después de su lectura, la de un libro inacabado, en el que seguramente el lector tiene la posibilidad de encontrarse con algunos esqueletos, con las armaduras de algunos poemas de Mario Benedetti, que estaba tanteando ya con la muerte como quien espera en un andén la llegada de un tren que ya ha sido anunciado por la megafonía de la estación.

De hecho, el libro arrastra un fuerte componente metafísico que tiene la virtud de arrancar del lector sus mayores angustias. "Acompáñenme a entrar en el paréntesis / que alguien abrió cuando parió mi madre", comienza el poemario como el que anuncia un recorrido, toda una retrospectiva desde fuera, y eso es lo que resulta más sorprendente y doloroso, en muchos momentos los poemas parecen estar escritos por un hombre que observa desde un punto hueco, que ha asumido su muerte de una manera cruel, porque no puede asumirla de otra forma quien no cree en ninguna forma de trascender, sino en la nada más absoluta. "Si uno piensa en la nada que lo precedió / no puede evitar un desasosiego / que nos va cortando tajadas de vida", arranca el poema titulado Entre dos vacíos, en el que añade: "miro hacia atrás y poco veo / miro hacia adelante y es la niebla / admito que estoy entre dos vacíos / con prudencia marco bien mis huellas".

La muerte, al mezclarse con la nada, al unificarse en ella, adquiere también el poder igualatorio que ya le atribuyó Jorge Manrique, a quien se percibe en un poema titulado El después: "...vemos pasar con su cadencia / la muerte meridiana de los otros / los más queridos y los no queridos". Y la vida, aunque provoque hartura, es el bien más preciado, lo es todo. Parece estar de acuerdo con aquel soneto de José Hierro, Vida. A Benedetti la muerte se le presenta con una gran angustia, y esa angustia rebosa en los poemas, algunos menos logrados que su obra anterior, pero otros de una capacidad comunicativa que le hace único.

A fin de cuentas, Mario Benedetti simboliza precisamente eso. El poeta capaz de reconciliar la poesía con centenares de miles de lectores a través de un lenguaje sencillo que no se confunde con la simpleza. Su tono directo, su verso limpio de adornos pero lleno de ideas y de una sinceridad conmovedora, es uno de los más admirados de nuestro tiempo. Entre el amor y la muerte, a Mario Benedetti sin duda se le dio mejor el amor. En la muerte, Benedetti pierde esa capacidad de reconciliar a cualquiera con la vida en la parada de un tranvía, en una tarde lluviosa o durante una merienda. En la muerte, Benedetti transmite mucha ansiedad que está ahí, esperando a que alguien la levante para llenar de niebla los ojos. En la muerte, Benedetti es demasiado crudo. "No hay que tener vergüenza de la muerte / ya que ella no la tiene de nosotros / los que se fueron volverán / pétalo a pétalo / digamos que en un ramo de cautelas", escribe en el undécimo poema, titulado Valores.

En la muerte Benedetti deja de ser ese poeta optimista, que siempre te arranca una sonrisa con un juego de palabras, una ocurrencia o una verdad incontestable. En Biografía para encontrame las verdades incontestables te hacen más vulnerable. Se trata, sin duda, de una muestra del buen oficio del poeta. Igual que una bomba atómica puede ser una muestra del buen oficio de un físico nuclear o un virus letal el éxito de un biólogo.

Dice la contracubierta que este libro nos invita a descubrir o reencontrarnos con la esencia literaria del escritor uruguayo, a través de su poesía más íntima y conmovedora. Sólo puedo estar de acuerdo con una palabra: íntima, aunque también podrían arañarse algunos matices. Sin embargo, no creo que en este libro esté la esencia literaria del escritor uruguayo. Aquellos poemas al amor, a las mujeres y a la vida son su esencia. La muerte no es su esencia, por muy íntima o conmovedora que pueda resultar. La obra de Benedetti conjura la vida como pocas, con una claridad única que forma ya parte del imaginario colectivo de cualquier lector de poesía.

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